Según lo recopilado por HuffPost Grecia, escuchar música no incrementa automáticamente el coeficiente intelectual, aunque ciertas canciones pueden mejorar de forma momentánea la concentración y el estado de alerta. La respuesta depende del género musical, la actividad realizada y las vivencias personales.
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¿Cómo circula una canción dentro del cerebro?
El proceso inicia en el oído. Las vibraciones que genera una canción alcanzan el tímpano y luego llegan a la cóclea, parte del oído interno que convierte el sonido en señales eléctricas.
Las neuronas dentro de la cóclea están dispuestas de forma similar a un piano: algunas responden sobre todo a tonos graves y otras a agudos.
Desde ahí, la información es transmitida por el nervio auditivo hacia el lóbulo temporal, que contiene la corteza auditiva. Esta zona evalúa características como el tono, la intensidad y la duración, además de colaborar en el reconocimiento de melodías y ritmos.
El análisis continúa hacia otras regiones que permiten comprender lo que se oye y relacionarlo con experiencias previas.
¿Por qué una canción puede evocar un recuerdo?
La música está íntimamente ligada a la memoria y las emociones. La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) indica que escuchar música involucra procesos de reconocimiento de patrones, aprendizaje, concentración y memoria.
Una melodía familiar se identifica con rapidez porque el cerebro la compara con datos almacenados anteriormente.
La Fundación Pasqual Maragall aclara que la reacción también varía según las experiencias y gustos personales.
“Una misma canción puede ser placentera para alguien y desagradable para otro, porque cada cerebro interpreta los sonidos según su propia historia”, explican los expertos.
Por eso, una canción puede asociarse con lugares, personas o momentos concretos y generar sentimientos de nostalgia, alegría, tranquilidad o tristeza.
La música activa también el circuito cerebral del placer
El impacto emocional tiene otra explicación. La música puede estimular el sistema de recompensa, relacionado con la reacción del cerebro ante experiencias placenteras.
De acuerdo con la Fundación Pasqual Maragall, el disfrute musical puede ir acompañado de la liberación de dopamina, un neurotransmisor vinculado con los mecanismos de recompensa.
Una pieza suave puede fomentar la relajación, aunque la reacción no depende solamente de las características del sonido, sino que los gustos y vivencias previas juegan un papel crucial.


