Un fósil hallado en Sudáfrica hace casi veinte años acaba de ofrecer una clave fundamental para entender cómo se reproducían algunos antiguos parientes de los mamíferos.
Se trata de un ejemplar de Lystrosaurus conservado dentro de un huevo, una conclusión que los científicos lograron confirmar gracias a tomografías de rayos X realizadas con tecnología de sincrotrón.
El estudio, publicado en la revista científica PLOS ONE por expertos de la Universidad de Witwatersrand y de la Instalación Europea de Radiación por Sincrotrón (ESRF), representa la primera prueba directa de reproducción ovípara en un sinápsido no mamífero de esta antigüedad.
Además, el hallazgo aporta nuevas evidencias sobre las características que podrían haber ayudado al Lystrosaurus a sobrevivir y prosperar tras la extinción masiva del Pérmico-Triásico.
Un fósil descubierto en 2008 guardaba la clave
La historia comenzó en 2008, cuando este fósil fue encontrado durante una expedición científica en Sudáfrica. El ejemplar, conocido como NMQR 3636, conserva gran parte del esqueleto de un Lystrosaurus y es uno de los ejemplares más pequeños que se conocen de este grupo.
Jennifer Botha, paleontóloga de la Universidad de Witwatersrand y coautora del estudio, sospechó desde el primer momento que el animal podría haber muerto dentro de un huevo.
Sin embargo, en aquel entonces la tecnología disponible no permitía examinar con suficiente detalle los pequeños huesos escondidos en la roca.
La respuesta llegó años después con el avance de nuevas técnicas de escaneo por rayos X.
Una tecnología permitió observar el interior del fósil
Para analizar el ejemplar sin dañarlo, los científicos usaron tomografía computarizada de alta resolución y radiación de sincrotrón en las instalaciones de la ESRF, en Grenoble, Francia.
El fósil fue escaneado en la línea de luz BM18, donde los rayos X de alta energía generaron imágenes con una resolución cercana a 17.27 micrómetros por vóxel. Esto posibilitó reconstruir digitalmente los pequeños huesos que permanecían ocultos en la roca.
Esta tecnología permitió apreciar detalles que no se distinguían con métodos tradicionales y finalmente proporcionó la evidencia necesaria para determinar la etapa de desarrollo del animal al momento de su muerte.
La mandíbula indicó que todavía no había nacido
Uno de los datos más importantes se encontró en la mandíbula inferior del ejemplar. Los investigadores hallaron que la unión entre las dos mitades de la mandíbula aún no estaba completamente formada.
Este detalle es crucial porque esa estructura debía estar desarrollada para que el animal pudiera alimentarse por sí mismo.
Al unir esta característica con la posición muy encogida del esqueleto, los científicos concluyeron que el ejemplar era mucho más probablemente un embrión que falleció antes de salir del huevo, y no una cría recién nacida.
La evidencia anatómica permitió despejar así una incógnita que se mantenía desde el descubrimiento del fósil.
¿Cómo era el huevo de Lystrosaurus?
Otro punto relevante del hallazgo es que los investigadores no identificaron una cáscara mineralizada alrededor del embrión. Esto llevó al equipo a plantear que los huevos de Lystrosaurus probablemente tenían una cubierta blanda, parecida al cuero.
Esta hipótesis ayuda a explicar por qué los paleontólogos no habían encontrado antes huevos de este grupo en el registro fósil.
A diferencia de las duras y mineralizadas cáscaras de otros animales, una cubierta blanda tendría muchas menos probabilidades de preservarse durante millones de años.


