En El Radar

A casi 1,700 metros bajo la superficie del mar de Noruega descansa un submarino soviético que lleva más de 35 años en completo silencio, pero sigue activo de cierta manera. Su reactor atómico continúa liberando material radiactivo al océano. En su interior permanecen los restos de 42 tripulantes que fallecieron cuando un fuego fuera de control lo llevó al fondo el 7 de abril de 1989. En el compartimento de torpedos se encuentran dos armas nucleares que no han sido recuperadas.

Según una investigación publicada en la revista científica PNAS y reportada por El Confidencial, un grupo de científicos noruegos confirmó que el K-278 Komsomolets —el único submarino de este tipo construido por la Unión Soviética— sigue liberando radionúclidos desde la zona donde está el reactor. La fuga fue detectada por primera vez en 2019 y, casi siete años después, los expertos comprobaron que persiste.

La noticia positiva, al menos por ahora, es que no se han identificado indicios de que esas emisiones perjudiquen a la fauna marina cercana, gracias a la rápida dispersión del material en el agua. Sin embargo, el submarino permanece allí, con su carga nuclear intacta, y los investigadores admiten que quedan incógnitas por resolver.

¿Qué ocurrió el día que se hundió el Komsomolets?

El 7 de abril de 1989, un incendio se desató en la parte trasera del submarino mientras navegaba en aguas del mar de Noruega. Las llamas se propagaron sin control cuando una tubería rota de un tanque de lastre comenzó a alimentar el fuego con aire comprimido, generando una reacción en cadena que la tripulación no logró contener.

De los 69 hombres que iban a bordo, solamente 27 sobrevivieron. Los otros 42 perecieron en el incendio, durante el hundimiento o en las gélidas aguas del Ártico mientras esperaban un rescate que para muchos llegó demasiado tarde.

El Komsomolets era excepcional. La URSS fabricó solo una unidad de este diseño, equipada con un doble casco de aleación de titanio que le permitía sumergirse a profundidades extremas para su época. Cuando se hundió, se llevó consigo un reactor nuclear dañado y dos armas atómicas, convirtiéndose en uno de los restos militares más delicados del lecho marino europeo.

¿Cómo supieron que aún libera radiación?

Durante años, diferentes expediciones soviéticas y rusas exploraron el pecio con sumergibles tripulados Mir para examinar su estado. En 1994, tras detectar que las ojivas nucleares del compartimento de torpedos podrían estar en contacto con el agua, las autoridades rusas sellaron los tubos lanzatorpedos con tapones de titanio y reforzaron otras áreas vulnerables.

Desde entonces, la supervisión pasó a manos de entidades noruegas: la Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear de Noruega y el Instituto de Investigación Marina. En 2019, utilizando vehículos operados a distancia, los científicos recolectaron muestras de agua, sedimentos y organismos cercanos al submarino.

Lo que hallaron fue alarmante: una fuga activa proveniente de una tubería de ventilación y una rejilla metálica cercana, justo en el área del reactor. En ocasiones, la emisión fue visible en las imágenes submarinas captadas.