CIUDAD DE MÉXICO.- El control remoto es uno de los objetos más utilizados dentro del hogar y a su vez uno de los que menos se limpian. Circula de mano en mano, se emplea mientras se come, se coloca sobre sillones, camas o mesas y, aunque es parte de la rutina diaria, son pocas las personas que lo desinfectan con regularidad.
Diversas investigaciones y consejos de entidades de salud coinciden en que este aparato puede transformarse en un foco de acumulación de bacterias y otros microorganismos. Un estudio publicado en la Revista Canadiense de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Médica, accesible en el repositorio oficial de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), identificó crecimiento bacteriano en el 31.3% de las superficies de contacto frecuente examinadas. La información fue divulgada por Infobae México.
Entre las bacterias detectadas destacó el Staphylococcus aureus, microorganismo vinculado con infecciones respiratorias, intoxicaciones alimentarias y afecciones cutáneas. La investigación también encontró que una proporción significativa de estas bacterias mostraba resistencia a antibióticos y la capacidad de generar biofilm, una capa que dificulta su eliminación con métodos básicos de limpieza.
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¿Por qué el control remoto alberga tantas bacterias?
El inconveniente no se limita al polvo que se puede ver. Cada vez que alguien toma el control remoto transfiere residuos microscópicos provenientes de las manos, como aceites naturales, sudor, células muertas y restos de alimentos.
El siguiente usuario entra en contacto con esos residuos sin darse cuenta. Esto sucede especialmente en hogares donde varias personas usan el mismo aparato durante el día.
El Hospital Infantil de México, dependiente de la Secretaría de Salud, incluye explícitamente a los controles remotos dentro de las superficies de alto contacto que requieren desinfección diaria. En esa categoría también están objetos como teclados, teléfonos, manijas de puertas e interruptores de luz.
El peligro no es solo la suciedad visible
El estudio citado por el NIH reveló que el 35.9% de las muestras de Staphylococcus aureus correspondían a MRSA, una variante resistente a la meticilina, uno de los antibióticos más comunes.
La investigación también señala que estas bacterias pueden vivir durante semanas sobre superficies secas e inertes.


