Diariamente, en los mercados y plantas procesadoras de pescado, se generan grandes cantidades de escamas que son desechadas. Este residuo común carece de valor comercial y no tiene un uso industrial definido. Sin embargo, una estudiante de solo 17 años del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) descubrió cómo transformar este desperdicio en un plástico biodegradable innovador que podría sustituir los envases desechables que hoy contaminan los océanos.
La protagonista es Jacqueline Prawira, quien compartió su iniciativa en una entrevista con CBS. Su trabajo se enfoca en uno de los problemas ambientales más urgentes: la acumulación de plástico en el océano y la lentitud con la que se descompone, pudiendo durar cientos de años.
El producto de su investigación es una lámina delgada y transparente que funciona como el plástico tradicional, pero diseñada para degradarse en condiciones de compostaje sin requerir procesos industriales complejos.
¿De qué manera se convierten las escamas de pescado en un plástico biodegradable?
El proyecto parte de las escamas de pescado que habitualmente se desechan en los mercados. Prawira observó que ese residuo posee características físicas muy similares al plástico: es fuerte, flexible y liviano.
Con base en esa observación, empezó a experimentar con su estructura biológica para crear un material capaz de desempeñar las mismas funciones que el plástico convencional, pero con una cualidad esencial: que pueda descomponerse de forma natural al finalizar su uso.
El método permite moldear esta materia prima en una lámina fina y transparente, lista para emplearse en distintos objetos desechables.
¿Por qué el plástico tradicional resulta tan perjudicial para el medio ambiente?
La investigadora comentó a CBS que el principal inconveniente del plástico moderno es precisamente aquello que le dio popularidad: su excesiva durabilidad. Esta propiedad, útil para muchos productos, se vuelve un problema grave cuando el material se convierte en residuo.
El plástico común no se degrada fácilmente. Permanece en el entorno durante décadas o siglos, fragmentándose en partículas cada vez más diminutas que contaminan el agua, el suelo y la cadena alimentaria. Los microplásticos presentes hoy en océanos, ríos e incluso en alimentos son consecuencia de esta lenta degradación.
Por esta razón, las investigaciones actuales en ingeniería de materiales no solo buscan imitar las propiedades del plástico, sino también diseñar materiales con un ciclo de vida más breve y menos contaminante.
¿Para qué productos se podría utilizar este nuevo material?
La innovación de Prawira está concebida para reemplazar en gran medida los plásticos de un solo uso, que son los principales responsables de la contaminación. Entre sus posibles aplicaciones se destacan:
Estos artículos representan una porción considerable de los residuos plásticos que llegan al mar. Al estar fabricados con un material biodegradable, podrían disminuir de forma significativa el impacto ambiental sin renunciar a la practicidad del plástico desechable.
¿Cómo se descompone este nuevo plástico hecho con escamas?
Según la explicación de la investigadora a CBS, una de las ventajas principales del material es su comportamiento en condiciones controladas de compostaje. En ese entorno, se degrada naturalmente, sin necesidad de tratamientos químicos ni procesos industriales complejos.
Esto lo diferencia de algunos plásticos denominados “biodegradables” que solo se desintegran en instalaciones especializadas con temperaturas y condiciones específicas. Si el material puede incorporarse a un proceso de compostaje convencional, su uso práctico resulta mucho más accesible.
¿Por qué este proyecto importa para la industria alimentaria?
Porque parte de un residuo generado diariamente por la misma industria. Las escamas de pescado son un subproducto que generalmente se desecha sin tratamiento. Transformarlas en materia prima para un nuevo material ofrece dos beneficios simultáneos:


