Mucho antes de Instagram, las imágenes de relojes caros en redes o el uso de autos deportivos como símbolo de triunfo, el sociólogo y economista estadounidense Thorstein Veblen ya había descrito un patrón que, tras más de cien años, continúa influyendo en gran parte de la sociedad contemporánea: consumir para evidenciar estatus.
En 1899, en su libro The Theory of the Leisure Class (La teoría de la clase ociosa), Veblen propuso un concepto que se volvió fundamental en la sociología y economía actuales: el “consumo ostentoso”.
Su planteamiento era claro, aunque controvertido: muchas personas adquieren productos costosos no por necesidad, utilidad o confort, sino para transmitir un mensaje social.
¿Qué quiso decir Veblen con “consumo ostentoso”?
Para Veblen, el lujo no era solo cuestión de dinero. Era un medio de comunicación.
El economista afirmaba que ciertos bienes actúan como señales visibles de riqueza, prestigio o estatus social. Cuanto más caro, exclusivo o difícil de obtener sea un artículo, mayor es su capacidad para reflejar posición ante los demás.
En uno de los pasajes más citados de su libro, afirmó que el “consumo visible de bienes valiosos” funcionaba como un mecanismo para construir reputación social.
Esta idea desafiaba la perspectiva clásica de la economía, la cual asumía que las personas compraban exclusivamente por utilidad práctica.
Por el contrario, Veblen sostenía que muchas veces la verdadera función de un producto es ser observado.
El lujo como manifestación social
La teoría de Veblen surgió al analizar a las élites estadounidenses de fines del siglo XIX, un período caracterizado por grandes fortunas industriales y un aumento de la desigualdad.
De acuerdo con su estudio, las clases altas mostraban mansiones, vestimenta lujosa, joyas, fiestas y estilos de vida ostentosos para evidenciar que podían gastar sin preocuparse por trabajar o ahorrar.
No se trataba solo de tener riqueza.
Sino de hacerla visible ante otros.
Por eso Veblen también introdujo el concepto de “ocio ostentoso”: emplear tiempo en actividades no productivas, artísticas o recreativas era otra forma de exhibir superioridad económica.
¿Por qué la teoría sigue vigente en 2026?
Más de 125 años después, la idea resulta incluso más pertinente que cuando se formuló.
Las redes sociales han convertido la exhibición de estatus en algo habitual. Actualmente, viajes, comedores exclusivos, prendas de diseñador, tecnología, rutinas de ejercicio o incluso prácticas “eco-amigables” pueden fungir como símbolos públicos de clase social.



