MÉXICO-. Una madre experimentó una situación inesperada al recoger a su hija del colegio: la niña llevaba una bolsa con billetes en efectivo.
La suma —más de 100 dólares— captó de inmediato su interés.
Al preguntarle, la pequeña explicó que el dinero provenía de una compañera de aula, a cambio de algunos juguetes y stickers.
La situación despertó preocupación en la madre, quien insistió en conocer el origen del dinero y la aprobación de los padres implicados.
Comercio infantil dentro del salón
El diálogo entre ambas reveló una dinámica espontánea de trueque dentro del aula, aparentemente sin supervisión directa.
“¿De dónde sacaste ese dinero?”, preguntó la madre.
“Una amiga quería mis juguetes… y me pagó”, contestó la niña.
Ante la respuesta, la madre indagó más:
“¿Vendiste tus juguetes?”
“Sí… ella me dio como 110 dólares”
El importe, poco común para un intercambio entre niñas, aumentó la inquietud.
La madre también preguntó por la intervención docente:
“¿La maestra vio lo que estabas haciendo?”
“Había otro maestro… y nos dejaron”
La charla se intensificó cuando la madre expresó la necesidad de devolver el dinero:
“Ese dinero no es tuyo, debes regresarlo”
“Ella me lo regaló”, replicó la niña.
Más allá del comercio, el aspecto clave fue la ausencia de certeza sobre el consentimiento de los padres de la otra niña.



