MÉXICO.- Para muchas personas en México, la jornada no inicia en la oficina o en casa, sino en el asiento de un automóvil o en un vagón del transporte público. Lo que parece una rutina ineludible tiene un efecto profundo y cuantificable en la salud mental.
Según el estudio “Patrones de viaje y depresión: evidencia de once ciudades latinoamericanas” elaborado por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), hay una conexión directa entre el tiempo que pasamos en el tráfico y la probabilidad de manifestar síntomas depresivos.
Esta investigación, complementada con información sobre niveles de estrés de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), muestra que el desgaste emocional va más allá del cansancio, constituyendo un problema de salud pública. Cada minuto extra en el trayecto es relevante, y comprender su impacto es el primer paso para resguardar nuestro bienestar emocional.
La regla de los 10 minutos: ¿qué tanto riesgo enfrenta su salud?
El análisis de la CAF presenta datos que invitan a reflexionar. Los investigadores hallaron que, en promedio, cada 10 minutos adicionales de traslado se relacionan con un aumento del 0.5% en la probabilidad de obtener resultados positivos en pruebas de depresión.
No obstante, el factor que más afecta la mente no es el tiempo estimado de viaje, sino lo inesperado. El efecto de los retrasos es considerablemente mayor: cada 10 minutos de demora causados por incidentes o congestión incrementan en un 0.8% la posibilidad de desarrollar síntomas depresivos. Para el cerebro, la incertidumbre del retraso implica un desgaste superior al del tiempo habitual de viaje.
El transporte público como “protección” emocional
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que el tipo de transporte impacta directamente el estado emocional. Los datos revelan que los usuarios del transporte público, como metro o autobús, tienen un 4.8% menos de probabilidad de padecer depresión en comparación con quienes conducen su propio auto.
¿A qué responde esto? Los expertos indican que el transporte público puede funcionar como un factor protector por dos motivos principales:
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Panorama del estrés en el Valle de México
La UNAM ha puesto especial énfasis en cómo se experimenta este fenómeno en el centro del país. Los niveles de estrés varían considerablemente según el lugar de residencia y trabajo:



