Aplicar repelentes para mosquitos en terrazas y áreas verdes parece una solución inofensiva para disfrutar del verano, pero un estudio reciente indica lo contrario. Científicos de las universidades de Turku y Oulu, en Finlandia, han descubierto que una exposición mínima a estos productos es suficiente para afectar la capacidad de orientación de ciertos polinizadores, en especial de los abejorros.
El efecto es tan grave que, después de un corto contacto con el insecticida, la mayoría de estos insectos no consigue regresar a su colmena.
Esta investigación, que forma parte de la Iniciativa Europea de los Polinizadores, se centra en los daños “subletales”. Esto implica que el insecticida no provoca la muerte inmediata ni debilita físicamente al insecto, sino que altera su memoria y su sistema de navegación, dejándolos desorientados en un ambiente que antes conocían bien.
Praletrina: El elemento que “borra” el sentido de ubicación en las abejas
El análisis se enfocó en la praletrina, un insecticida perteneciente a la familia de los piretroides que se encuentra en numerosos productos comerciales como difusores eléctricos y espirales de exterior. Para evaluar su efecto, los expertos trabajaron con 167 ejemplares de Bombus terrestris (abejorro común), sometiéndolos a pruebas de vuelo tras la exposición al químico.
Los datos, publicados por las universidades finlandesas, evidencian un descenso abrupto en el porcentaje de éxito al regresar a la colmena conforme aumenta el tiempo de exposición:
Lo llamativo es que aquellos abejorros que sí lograron volver lo hicieron manteniendo una velocidad habitual. Esto confirma que el problema no radica en la energía o fuerza para volar, sino en un fallo crítico en su “GPS” natural.
El riesgo de una pérdida silenciosa para la comunidad
A diferencia de otros pesticidas que dejan evidencia visible con insectos muertos, este químico provoca un deterioro invisible. Cada abejorro confundido representa una disminución del aporte de néctar y polen para su grupo. La falta de un suministro constante compromete la alimentación de las larvas, poniendo en riesgo la próxima generación sin que se detecte una mortandad evidente.
Este fenómeno afecta directamente a los cultivos y plantas silvestres. La reducción en las visitas a las flores debido a la ausencia de individuos que se pierden en el trayecto interrumpe el transporte de polen, lo que disminuye la producción de frutas y verduras en huertos cercanos.
¿Cómo contribuir a la conservación de la biodiversidad?
Los espacios urbanos, como balcones y jardines privados, suelen ser refugios cruciales para los polinizadores en medio del concreto. Sin embargo, el uso continuo de productos químicos en estos lugares los convierte en trampas letales que causan desorientación.
Para proteger a estos insectos esenciales, se recomienda:



