Si creciste consumiendo películas de Disney o comedias románticas, seguramente la idea del “y vivieron felices para siempre” quedó grabada en tu mente como el objetivo final. No obstante, para el doctor Tal Ben-Shahar, profesor de Harvard y especialista en psicología positiva, esta creencia ha calado de manera perjudicial en nuestra mente, originando lo que él llama la falacia de la llegada.
Dicha falacia se fundamenta en la equivocada suposición de que alcanzar un objetivo —como casarse, ascender en el trabajo o comprar una vivienda— traerá una felicidad permanente. El inconveniente, según este experto, es que la felicidad no es un lugar al que se llega, sino un estado pasajero regulado por la biología cerebral.
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¿Por qué experimentamos vacío tras lograr el éxito?
El motivo detrás de esta desazón se denomina adaptación hedónica. Nuestro cerebro posee una habilidad natural para ajustarse a las nuevas situaciones, incluso cuando son positivas:
El cambio necesario: Priorizar el camino sobre la meta
La psicología contemporánea recomienda dejar de lado las expectativas poco realistas para superar este vacío. Mientras que las generaciones anteriores se centraban en “alcanzar”, actualmente se propone entender la vida como un flujo constante de transformaciones.
Aprender a apreciar el trayecto y aceptar que la felicidad es temporal ayuda a no darle demasiada importancia a ese sentimiento de vacío que aparece tras lograr un objetivo. En definitiva, la satisfacción auténtica surge de la resiliencia y el aprendizaje durante el proceso, no únicamente de la recompensa al final.


