Tras cada ingesta, el nivel de glucosa en el organismo se eleva. Este fenómeno es habitual y ocurre tanto en personas diabéticas como en aquellas sin diagnóstico metabólico. La dificultad aparece cuando ese aumento es más pronunciado o se mantiene por más tiempo del esperado. Nuevos estudios científicos indican que este fenómeno, llamado glucosa posprandial, podría influir significativamente en el riesgo de desarrollar Alzheimer.
Por años, la atención médica se enfocó en la glucosa en ayunas como principal factor de riesgo. No obstante, una investigación reciente sugiere cambiar el foco hacia lo que sucede en las horas posteriores a la comida.
¿Qué es la glucosa posprandial y por qué es importante?
La glucosa posprandial es el nivel de azúcar en sangre medido aproximadamente dos horas luego de comer. Este valor indica cómo el cuerpo procesa los alimentos y regula la energía disponible.
De acuerdo con la investigación reciente, este parámetro podría ser más relevante para la salud cerebral que la glucosa en ayunas. Esto se debe a que los picos repetidos de azúcar podrían ocasionar daños acumulativos, incluso en personas sin diagnóstico de diabetes.
El estudio que involucró a más de 350 mil participantes
Un grupo de científicos de la Universidad de Liverpool examinó datos genéticos de 357,883 individuos del Biobanco del Reino Unido. Su objetivo fue estudiar la conexión entre diferentes características metabólicas y el riesgo de demencia.
La investigación, publicada en la revista Diabetes, Obesity and Metabolism, se enfocó en la glucemia dos horas post-ingesta, un marcador poco común en la práctica clínica diaria. Los resultados indicaron que las personas con predisposición genética a tener picos elevados de azúcar en ese lapso presentaron un 69 % más de probabilidad de desarrollar Alzheimer.
Factores que no mostraron relación con Alzheimer
El análisis descartó varios elementos considerados habitualmente importantes. No se encontró vínculo entre Alzheimer y la glucosa en ayunas, insulina basal o resistencia a la insulina. Tampoco se observó asociación directa con la demencia en general.
Este resultado sugiere que no todos los aspectos del metabolismo glucémico afectan al cerebro de igual forma. La temporalidad e intensidad de las elevaciones parecen ser determinantes.
Cómo se determinó el riesgo sin medir directamente la glucosa
Para alcanzar estas conclusiones, los investigadores aplicaron una técnica llamada aleatorización mendeliana. En lugar de medir directamente la glucosa posprandial, identificaron variantes genéticas vinculadas a una mayor probabilidad de elevados picos tras las comidas.
Al ser la genética definida desde el nacimiento, este método reduce el impacto de aspectos como el estilo de vida, la dieta o la presencia de otras patologías, facilitando una mejor aproximación a una relación causal.
Andrew Mason, epidemiólogo y autor del estudio, señaló: “Este descubrimiento podría orientar futuras estrategias preventivas, resaltando la importancia de controlar el azúcar en sangre no solo en general, sino especialmente después de las comidas”.
Hallazgos en imágenes cerebrales
El análisis incluyó también estudios de imagen cerebral en un subgrupo de participantes. Los escáneres no evidenciaron cambios en el volumen total cerebral, tamaño del hipocampo ni mayor daño en la sustancia blanca relacionados con los rasgos de glucosa o insulina.
Esto indica que la conexión entre los picos de azúcar y el Alzheimer no se manifiesta con alteraciones estructurales tempranas visibles, sino mediante mecanismos más sutiles.
Los autores recordaron que investigaciones previas ya habían señalado que la glucosa dos horas después de la carga predice peores resultados cardiovasculares. En el artículo afirmaron: “Nuestros resultados sugieren que la predisposición genética a este marcador de glucosa posprandial también se vincula con un mayor riesgo de padecer Alzheimer”.
Diabetes, cerebro y fluctuaciones de azúcar
La relación entre la diabetes tipo 2 y el deterioro cognitivo es conocida desde hace años. Diversos estudios han demostrado que quienes padecen esta enfermedad tienen un riesgo incrementado de demencia y Alzheimer. Lo que aporta esta nueva investigación es una posible explicación adicional: el problema no sería únicamente la hiperglucemia crónica, sino las variaciones bruscas de azúcar tras las comidas.
El cerebro utiliza la glucosa como su principal fuente energética. Cuando el suministro se vuelve irregular, aunque sea temporalmente, pueden activarse procesos de estrés celular, inflamación y disfunción metabólica que, con el tiempo, perjudican a las neuronas.



