México.- Perros, gatos, caballos, leones, cabras e incluso pulpos no solo coexisten: escogen compañeros, manifiestan afinidades y mantienen conexiones persistentes que evidencian confianza, cooperación y cariño. Más allá de simples relatos, estas amistades —incluso entre especies diferentes— han sido registradas y avaladas científicamente.
Según Psychology Today, expertos coinciden en que los animales buscan activamente vínculos cercanos.
El impulso de vincularse lleva a individuos de diversas especies a escoger compañeros y conservar lazos duraderos, tanto en la naturaleza como en zoológicos, refugios y hogares particulares.
Amistades inter-especies: un fenómeno más frecuente de lo imaginado
Las narrativas sobre amistades entre animales surgen en diversas partes del planeta y no se restringen a una sola especie. Los investigadores han observado comportamientos de protección, colaboración y apoyo mutuo que evidencian estructuras sociales complejas basadas en la elección consciente.
Algunos ejemplos documentados incluyen:
Estas acciones, lejos de ser extraordinarias, constituyen situaciones habituales confirmadas por observaciones científicas y estudios etológicos.
Cómo se expresan y fortalecen sus lazos
Según el profesor Marc Bekoff, experto en comportamiento animal, los animales manifiestan amistad de diversas maneras. Emplean señales químicas, gestos, posturas corporales y vocalizaciones para comunicarse y consolidar sus vínculos.
Uno de los métodos esenciales es el denominado “correo olotrónico”, basado en aromas, que facilita reconocer, rememorar y sostener relaciones a lo largo del tiempo.
Un ejemplo destacado tuvo lugar en Busch Gardens, Florida, donde Kasi, un guepardo, y Mtani, un labrador retriever, desarrollaron un sistema propio de comunicación que les permitió coexistir y jugar, a pesar de ser especies con instintos muy distintos.
“Combinaciones inusuales” que desafían la biología convencional
Las llamadas amistades inter-especies también se observan en refugios y reservas. En el santuario Keepers of the Wild, en Arizona, Anthony, un león, y Riley, un coyote, formaron un vínculo fuerte desde cachorros.
Fueron unidos cuando tenían poco más de un mes y, desde entonces, compartieron juegos, descanso y compañía, rompiendo con las expectativas sobre depredadores y presas.
Otro caso muy conocido es el de Jack, una cabra, que durante años acompañó y protegió a Charlie, un caballo ciego, hasta su fallecimiento. Según relatos recopilados por expertos y difundidos por Psychology Today, la relación se basó únicamente en la confianza y el cuidado mutuo, sin ningún beneficio tangible para la cabra.



