La revelación de las candidaturas a los premios Oscar, que tuvo lugar esta semana, sorprendió a muchos: Wicked: For Good no recibió ninguna nominación, a diferencia de la primera entrega, que logró 10 candidaturas y un fuerte apoyo de la industria.
La completa ausencia de la secuela llamó la atención no solo por la relevancia del proyecto, sino porque Ariana Grande y Cynthia Erivo eran vistas hasta hace poco como candidatas firmes para al menos una mención actoral.
Opiniones de los votantes del Oscar
Según informes difundidos por NewsNation, varios votantes de la Academia expresaron de manera confidencial las causas detrás de esta exclusión. Aunque valoraron el talento de ambas actrices, coincidieron en que la película no tuvo el mismo efecto narrativo que su predecesora.
Uno de los aspectos más destacados fue que Grande y Erivo comparten menos escenas juntas, lo que debilitó la conexión central que había cautivado al público en la película inicial.
“La conexión persiste, pero la trama las separa demasiado tiempo. Eso afectó la fuerza del núcleo de la película”, comentó uno de los votantes.
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Cuando la promoción se vuelve un problema
No obstante, el aspecto que generó más incomodidad no estuvo en pantalla, sino fuera de ella.
Varios miembros de la Academia reconocieron que la actitud de las actrices durante las actividades promocionales afectó negativamente su impresión. La proximidad constante entre ambas en entrevistas y alfombras rojas fue calificada como “artificial”, “incómoda” y “extraña”.
Algunos comentarios fueron contundentes:
Incluso hubo quien sugirió que al no nominarlas, la Academia trataba de “proteger” a Grande de la presión mediática y a Erivo de repetir una campaña tan demandante.
¿Pesa más la imagen que la interpretación?
Este caso reavivó un debate habitual en Hollywood: ¿deben los premios valorar únicamente el talento artístico o también la campaña que los rodea?



